Skip to main content

Mitos y verdades sobre la discapacidad

Mito:

“El síndrome de Down es una enfermedad y las personas con síndrome de Down están enfermas”

Realidad:

El síndrome de Down no es una enfermedad ni implica sufrimiento personal. Con los apoyos adecuados, las personas con síndrome de Down pueden tener una vida plena y feliz, y generalmente gozan de buena salud física y mental, aunque en los primeros años de vida pueden ser más propensas a algunas patologías.

Mito:

“Existen diferentes grados de síndrome de Down más leves y más graves”

Realidad:

El síndrome de Down se produce por la presencia de un cromosoma 21 extra, por lo que no existen distintos grados: se tiene o no se tiene. Las personas con síndrome de Down presentan la misma diversidad que cualquier otra, con características, capacidades y personalidades propias influenciadas por la genética y el entorno.

Mito:

“El  TEA es una enfermedad”

Realidad:

El TEA no es una enfermedad ni es contagioso, sino un trastorno del neurodesarrollo que acompaña a la persona durante toda su vida, aunque sus manifestaciones y necesidades cambian según la etapa del desarrollo.

Mito:

“Las vacunas pueden causar autismo”

Realidad:

No se conoce una causa única del TEA; intervienen diversos factores genéticos y ambientales. No existe ninguna evidencia que relacione la vacunación con el TEA, ya que ese vínculo es un mito basado en estudios fraudulentos.

Mito:

“Las personas con autismo son incapaces de sentir o expresar emociones, afecto o empatía”

Realidad:

Las personas con TEA procesan la información, incluida la emocional, de forma diferente y necesitan aprender habilidades socioemocionales de manera más explícita. Aun así, pueden identificar, comprender y expresar emociones propias y ajenas.

Mito:

“Las personas con síndrome de Down son siempre niños y se comportan como tales”

Realidad:

Las personas con síndrome de Down atraviesan todas las etapas del desarrollo como cualquier otra persona. Su desarrollo personal no depende de las dificultades de aprendizaje, por lo que es incorrecto tratarlas como niños en la adultez.